Stroke: reconocer a tiempo puede salvar una vida
Hector J. Alonso Quiñones, MD
Como neurólogo, he sido testigo del profundo impacto que puede tener un derrame cerebral, o stroke, en la vida de un paciente y su familia. También he visto cómo una intervención rápida y organizada puede marcar la diferencia entre una recuperación funcional y una discapacidad permanente. El stroke ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro o cuando se produce una hemorragia cerebral. En cuestión de minutos, las neuronas comienzan a morir; se estima que por cada minuto sin tratamiento se pierden aproximadamente 1.9 millones de neuronas. Por eso insistimos en un mensaje sencillo pero poderoso: el tiempo es cerebro.
Existen dos tipos principales de stroke. El más frecuente es el stroke isquémico, que representa aproximadamente el 85% de los casos y ocurre cuando una arteria cerebral se obstruye por un coágulo, ya sea por trombosis local o por una embolia que viaja desde el corazón u otra arteria. El segundo tipo es el stroke hemorrágico, responsable de cerca del 15% de los casos, y se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe y causa sangrado dentro del cerebro. Aunque es menos común, el hemorrágico suele asociarse con mayor mortalidad inicial y puede manifestarse con dolor de cabeza súbito y severo.
A nivel mundial, el stroke es la segunda causa de muerte y una de las principales causas de discapacidad a largo plazo. Cada año se registran más de 12 millones de nuevos casos en el mundo y millones de muertes relacionadas. En Estados Unidos ocurre un stroke aproximadamente cada 40 segundos y continúa siendo una de las principales causas de incapacidad permanente. En Latinoamérica, el stroke se mantiene consistentemente entre las primeras causas de muerte. Nuestra población presenta una alta prevalencia de factores de riesgo como hipertensión arterial, diabetes, obesidad, y sedentarismo. Además, en mi isla de Puerto Rico, el envejecimiento progresivo de la población puertorriqueña aumenta la probabilidad de que esta condición continúe representando un reto significativo para nuestro sistema de salud.
Una de las herramientas más importantes para combatir el stroke es la educación comunitaria. Es por esto que promovemos el acrónimo RAPIDO para facilitar el reconocimiento temprano de los síntomas. RAPIDO significa Rostro caído, Alteración del equilibrio, Pérdida de fuerza en brazo o pierna, Impedimento visual o dificultad para hablar, Dolor de cabeza severo y súbito, y Obtener ayuda de inmediato llamando al 9-1-1. Este último componente es fundamental: no se debe esperar a que los síntomas mejoren ni intentar trasladar al paciente por cuenta propia si esto retrasa la atención. Activar el sistema de emergencias permite que el hospital se prepare antes de la llegada del paciente y se reduzcan tiempos críticos.
El manejo moderno del stroke se basa en la activación de un Código Stroke estructurado. Desde el momento en que el personal de emergencias médicas evalúa al paciente, se determina la hora en que fue visto por última vez normal y se notifica al hospital receptor. Al llegar a la sala de emergencias, el paciente es evaluado inmediatamente, se realiza una escala neurológica estandarizada y se obtiene una tomografía computarizada urgente para distinguir entre stroke isquémico y hemorrágico. Esta diferenciación es esencial porque los tratamientos son completamente distintos.
En el caso del stroke isquémico, si el paciente llega dentro de la ventana terapéutica y cumple criterios específicos, puede recibir tratamiento trombolítico intravenoso con medicamentos como alteplase o tenecteplase. Estos medicamentos ayudan a disolver el coágulo y restaurar el flujo sanguíneo. En pacientes con oclusiones de grandes vasos, la trombectomía mecánica permite remover el coágulo mediante un procedimiento endovascular especializado, con ventanas terapéuticas que pueden extenderse hasta 24 horas en casos seleccionados mediante estudios de neuroimagen avanzada. En el stroke hemorrágico, el enfoque se centra en el control estricto de la presión arterial, manejo en unidad de cuidado intensivo y evaluación neuroquirúrgica cuando está indicada.
La hospitalización en una unidad especializada de stroke ha demostrado reducir la mortalidad y la discapacidad. Estas unidades cuentan con monitoreo neurológico continuo, personal entrenado y acceso temprano a terapia física, ocupacional y del habla. Además, se inicia de inmediato la evaluación de factores de riesgo y la planificación de prevención secundaria para evitar recurrencias. La rehabilitación temprana es una pieza clave en la recuperación funcional y puede marcar la diferencia en la independencia futura del paciente.
La calidad del manejo hospitalario está estrechamente vinculada a la certificación institucional. La Joint Commission establece diferentes niveles de certificación para centros que atienden stroke, incluyendo Acute Stroke Ready Hospital, Primary Stroke Center, Thrombectomy-Capable Stroke Center y Comprehensive Stroke Center. Cada nivel implica el cumplimiento de estrictos estándares relacionados con tiempos de tratamiento, protocolos clínicos, personal especializado y monitoreo de indicadores de calidad. En Puerto Rico, el Hospital San Pablo en Bayamón ha sido recientemente certificado como Primary Stroke Center, lo que garantiza que cumple con estándares internacionales para la evaluación rápida, administración de trombolíticos y manejo integral del paciente con stroke. Esta certificación representa una ventaja significativa para nuestra comunidad, ya que ofrece acceso local en el área metropolitana a atención especializada y basada en evidencia.
Las guías actualizadas en el 2026 para el manejo del stroke incorporaron cambios importantes respecto a versiones anteriores. Entre ellos se destaca un mayor respaldo al uso de tenecteplase como alternativa preferida en ciertos escenarios debido a su administración en bolo único y facilidad en contextos de traslado interhospitalario. También se fortaleció el uso de neuroimagen avanzada para seleccionar pacientes candidatos a trombectomía más allá de las ventanas tradicionales basadas estrictamente en el tiempo, enfocándose en la viabilidad del tejido cerebral. Las nuevas recomendaciones incluyen metas más estrictas para el control de presión arterial, colesterol LDL y glucosa, así como una mayor integración formal de la telemedicina para garantizar acceso a evaluación neurológica experta en hospitales con recursos limitados. Además, se enfatiza aún más la movilización temprana estructurada y la evaluación cognitiva antes del alta hospitalaria.
El impacto del tratamiento oportuno es contundente. Los pacientes tratados dentro de las ventanas terapéuticas adecuadas tienen mayor probabilidad de recuperar independencia funcional y reducir secuelas permanentes. La trombectomía mecánica ha demostrado transformar pronósticos que antes eran devastadores en historias de recuperación significativa. De igual manera, la atención en centros certificados se asocia con mejores resultados clínicos y menor tasa de complicaciones.
Sin embargo, a pesar de todos los avances tecnológicos y científicos, la prevención continúa siendo nuestra herramienta más poderosa. El control adecuado de la presión arterial, el manejo de la diabetes, la reducción del colesterol, el abandono del cigarrillo, la actividad física regular y el tratamiento apropiado de la fibrilación auricular pueden prevenir una proporción significativa de eventos cerebrovasculares. Como sociedad, debemos fomentar una cultura de prevención activa y responsabilidad compartida.
El stroke no discrimina y puede afectar a cualquier persona. Pero sí contamos con estrategias claras para enfrentarlo: reconocer los síntomas mediante RAPIDO, activar inmediatamente el 9-1-1, recibir tratamiento en centros certificados como el Hospital San Pablo en Bayamón, implementar las guías actualizadas y continuar con rehabilitación y prevención secundaria. El mensaje es claro y urgente: ante la sospecha de un derrame cerebral, no espere. Cada minuto cuenta. En el stroke, el tiempo es cerebro, y proteger el cerebro es proteger la calidad de vida de nuestros pacientes y de nuestra comunidad.
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